La reciente Copa del Mundo de Fútbol dejó mucho más que estadísticas y trofeos, ya que nos permitió ver un resurgimiento de los nacionalismos por parte de algunos países. Ello deja una lección vital para Chile y su futuro, pese a que no participamos.
Como ya es sabido, en el último mes prácticamente todo el mundo volcó en algún momento su atención al mundial de fútbol disputado en Norteamérica. Lo anterior incluyó a quien escribe este blog, quien dista de ser un hincha del fútbol.
Fueron semanas entretenidas donde la consigna de los que no seguimos a menudo el balompié fue generar un ambiente de alegría en medio de un mundo cada vez más complejo. Semanas que fueron coronadas por el merecido triunfo de la selección de España.
No obstante, la competición sigue dando que hablar con las constantes acusaciones de supuestas “conspiraciones” por parte de hinchas argentinos, cuyo comportamiento no ha sido el mejor en instancias como las redes sociales (aunque no se puede generalizar).
Pero esto va más allá del fútbol, con un país cuya influencia es desmedida en todo lo relacionado a este deporte, lo que incluso podríamos llegar a denominar como una “argentinización” de los espacios.
El ejemplo más claro fueron las transmisiones televisivas, que en la plataforma que ofrecía la cobertura más completa solamente contó con relatores de la nación rioplatense, quienes no disimularon su favoritismo, no considerando que también se dirigían al público latinoamericano. Aunque la televisión chilena no se libró, con comentaristas que tratan de imitar el acento argentino.
Esta “invasión” a nuestro espacio no es nueva, un ejemplo es el uso de adaptaciones de canciones originales de intérpretes y compositores argentinos para su uso por parte de las barras bravas del fútbol nacional.
Ello debería hacernos reflexionar sobre la necesidad de generar una identidad propia que al momento de tener que “salir a la cancha” frente al mundo nos entregue la confianza suficiente para demostrar el valor que nuestro país posee en diferentes ámbitos.
Lo anterior no es un llamado a “anular” al otro, sino reflejar de forma más fidedigna nuestras particularidades nacionales para de esa forma “pararnos” de manera segura frente a los demás.
Por ello, es necesario diferenciar entre nacionalismo y el patriotismo, el primero surge como una respuesta a una amenaza, por lo cual se incurre en la comparación. Por su parte, el patriotismo consiste en un sentimiento positivo de orgullo nacional.
Tener estima por lo que nos diferencia de otras naciones debe ser uno de los motores de cómo nos proyectamos hacia el futuro. Esto es crucial en los momentos de incertidumbre global en los cuales vivimos, donde a diferencia del mundial, no existe VAR o pausa de hidratación a la cual culpar de nuestra falta de acción.








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