El uso inadecuado de la tecnología puede llegar a convertirse en una tortura si no respetamos ciertos principios, lo que del simple uso del celular nos debe llevar a reflexionar cómo vemos el bien común.
Imagine que va a comenzar a trabajar o descansar y un ruido se apodera del lugar. Tras unos segundos creemos que ya pasó, hasta que nuevamente sentimos ese pinchazo auditivo que interrumpe nuestros quehaceres y luego otro en una secuencia que no termina.
Lo anterior no es la descripción de una tortura, pero si se asemeja a una, y lo peor es que la vivimos diariamente con nuestros dispositivos móviles, especialmente los teléfonos denominados “inteligentes”.
Si bien, aunque algunos lo deseemos con todas nuestras fuerzas, la tecnología llegó para quedarse y es la columna vertebral de nuestra vida cotidiana: desde las instrucciones de un jefe o colega hasta la coordinación de un cumpleaños, (casi) todo puede comunicarse mediante mensajes o llamadas.
Por ello, no es la intención de quien escribe volver al código morse o las cartas. Hay que asumir que el acelerado avance tecnológico llegó para quedarse, aunque en muchas ocasiones su mal uso se asemeja a la legendaria técnica conocida como la “gota china”.
Se cree que este tipo de tortura surgió entre los siglos XV y XVI a través del médico italiano Hippolytus De Marsiliis, por lo que la denominación de “china” solamente se le habría conferido [1] para parecer más lejana. Esta consistía en vendar los ojos de una persona, tumbarla y dejar caer sobre ella gotas de agua con un intervalo regular, aunque existen múltiples variantes en su aplicación, así como teorías sobre su origen.
No obstante, pese a que como humanidad hemos avanzado en la eliminación de la tortura (aunque siempre existen excepciones), actualmente nos encontramos con los pitidos del celular como una versión moderna. Pese a que las notificaciones no siguen intervalos exactos, su constante presencia en nuestras vidas perfectamente podría alterar [2] nuestra salud mental.
Netiqueta: el analgésico moderno
Pero como este no es un espacio para quejas, si existen herramientas que podemos aplicar para aminorar esa “tortura moderna”, considerando que muchos de los sonidos que emite nuestro celular provienen de mensajes. Más que una solución, sería una especie de analgésico moderno.
En este punto es donde aparece la netiqueta, término que se refiere al conjunto [3] de normas que regulan el comportamiento de una comunidad online, y que se popularizó en los años 1990 con el advenimiento de los primeros foros digitales.
Debido amplio del universo de la web, vale la pena rescatar algunas reglas para el uso de WhatsApp, esa aplicación en la cual somos miembros de infinitos grupos y listas.
En un mundo ideal, lo óptimo sería dividir lo laboral de la vida familiar, con aplicaciones específicas para lo primero, como Slack o Teams, y WhatsApp para lo segundo. Pero la popularidad de este canal de comunicación ha invadido prácticamente todas las oficinas del mundo.
Para ello podemos centrarnos en algunas reglas básicas, como lo son la claridad, que el mensaje solamente sea un bloque de texto y considerar los horarios adecuados [4]. La primera es simplemente expresar lo que queremos, ya sea una consulta, sugerencia o recordatorio.
Aunque sin duda una de las que marca la diferencia es el redactar el mensaje solamente en un bloque y evitar el mensaje 1: Hola, ¿Cómo estás?; mensaje 2: necesito consultarte lo siguiente; mensaje 3: (inserte consulta). Póngase en lugar de quien reciba ese mensaje y el enjambre de sonidos en los que convierte su ambiente.
En lugar de ello, escriba todo en un solo bloque de texto, sin olvidar el saludo y la correspondiente despedida, lo eficiente no quita lo educado.
La tercera recomendación es la más “lógica” y nos permite reflexionar sobre los límites de nuestro trabajo, ¿es una hora adecuada?, ¿puede esperar hasta mañana?, es un tema de perspectiva.
Pensar la tranquilidad como un bien mayor
Estas son solo algunas de las múltiples recomendaciones existentes, pero pueden marcar la diferencia. Podríamos pensar que al utilizar la netiqueta estaríamos aplicando el clásico “trata a los demás como quieres que te traten”, pero si consideramos lo propuesto por Immanuel Kant en su Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres [5], esta “regla de oro” puede resultar insuficiente.
En su lugar, el filósofo alemán propuso el imperativo categórico, que consiste en una fórmula o mandato que representa a la acción que es buena en sí misma, es decir, que está conforme con la razón.
Dicho de otro modo, es una regla moral y universal que nos dice cómo debemos actuar siempre. No se trata de hacer acciones buenas para que “nada malo nos pase”, sino que ver a los demás -la humanidad- como un fin en sí mismo y no como un simple medio.
Este imperativo categórico se puede aplicar perfectamente en la gestión de nuestras “chicharras modernas”, si consideramos la tranquilidad no como un bien personal o una regla sujeta a ciertas condiciones, sino como integrante de algo mayor que en el caso de la “invasión de notificaciones” podríamos denominar el bien común.
Fuentes y más información
- Macías, C. (2022). Enloquecer en lugar de matar: la historia de la retorcida tortura china con agua. El Confidencial. https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2022-10-14/enloquecer-y-no-matar-historia-tortura-china-agua_3504849/
- Méndez, M. (2023). Por qué recibir notificaciones en el móvil puede perjudicar tu salud mental y tu concentración. Onda Cero. https://www.ondacero.es/noticias/sociedad/porque-recibir-notificaciones-movil-puede-perjudicar-salud-mental-concentracion_2023021463eb48dbb670df00014ae883.html
- Repsol. (2025). Qué es una netiqueta, normas para la convivencia digital. Como en casa. https://www.repsol.com/es/como-en-casa/que-es-una-netiqueta/index.cshtml
- Soto, J. (2022). 8 consejos de etiqueta para WhatsApp. El Economista. https://www.eleconomista.com.mx/opinion/8-consejos-de-etiqueta-para-WhatsApp-20221106-0008.html
- Kant, M. (2007). Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres (M. García Morente, Trad.). Edición de Pedro M. Rosario Barbosa. (Obra original publicada en 1785).








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